Un primer balance de la información sobre la pandemia. Problemas de la comunicación audiovisual de hoy (y IV)

El presidente del Consejo Audiovisual de Andalucía (CAA), Antonio Checa, concluye su análisis de los actuales problemas de la comunicación audiovisual con un balance inicial de la cobertura informativa de la pandemia. El periodista y profesor destaca el notable esfuerzo realizado por los medios para responder a las demandas de noticias por parte de los ciudadanos y su importante labor en casos como la denuncia de la situación por la que pasaban las residencias de ancianos. Apunta también, no obstante, algunas deficiencias o insuficiencias como la sobreinformación, ciertos alarmismos, falta de evaluación del papel de las multinacionales farmacéuticas, una escasa defensa de la OMS frente a los ataques de la Administración de Donald Trump que llevaron a la desorientación de la opinión pública o, simplemente, que no se haya dado el adecuado relieve a que el sistema levantado contra la pandemia no es universal, sino esencialmente de países ricos.

No es fácil un análisis a modo de balance provisional, que se quiera objetivo, de la información sobre la pandemia ofrecida por los medios españoles, incluidos por tanto los andaluces, a lo largo de 18 intensos meses de pandemia, los transcurridos de enero de 2020 a junio de 2021. El Covid-19 llega cuando las redacciones de los medios más relevantes están comenzando a recuperarse de una larga crisis económica, social y laboral que ha reducido las redacciones y ha rebajado los salarios; esos medios han sufrido en paralelo la reducción de los ingresos publicitarios y se han visto obligados a relevantes transformaciones -no siempre acertadas o culminadas con éxito- ante el ascenso y dominio de la información en red.

La pandemia impone a su vez otras restricciones, redacciones en cuadro por contagios o confinamientos precautorios, múltiples obstáculos para el libre ejercicio de la profesión o el ejercicio de la crítica, sensación muy generalizada de estar siendo utilizados por la clase política, todo ello justo en una coyuntura en que la demanda informativa de la sociedad lógicamente crece en porcentaje extraordinario. En conjunto puede afirmarse que los medios realizan desde el inicio de la pandemia un notable esfuerzo por informar, por responder a las demandas e inquietudes populares, y hacerlo en las mejores condiciones posibles. Con frecuencia actuando de ejemplo -uso de mascarillas, mantenimiento de distancias, recurso a científicos y expertos solventes- y denunciando incumplimientos. Es bien significativo que la más prestigiosa publicación de Medicina, la británica The Lancet, hubiese de rectificar mediado el 2020 una información sobre la hydroxycloroquina y el Covid-19 y su director lo justificase reconociendo que la revista había reducido el exigente proceso de verificación ante las urgencias informativas que planteaba la pandemia. Sin embargo, el análisis obliga a constatar algunas deficiencias o insuficiencias.

1.- A menudo se evidencia una sobreinformación, una saturación que entre otros problemas lleva a dar relieve a novedades o aspectos que pronto se revelan sin significado, o a exagerar peligros. Es cierto que el periodista, en una coyuntura pródiga en novedades en cascada que piden inmediato traslado a la opinión pública, no siempre tiene la posibilidad de valorar trascendencias, pero sí la de no crear alarmas sin base real1. El mejor ejemplo es probablemente la actitud de una clara mayoría de los medios en septiembre de 2020, al inicio de la «vuelta al cole», cuando se temen y hasta se pronostican contagios masivos y múltiples problemas derivados de la asistencia presencial a los centros, que algunos medios llegan a presentar como un grave error. Concluido el curso, lo que se comprueba es prácticamente lo contrario, los centros educativos, profesores y alumnos han dado ejemplo de cumplimiento inteligente de la normativa. En un proceso que implica a muchos miles de centros y profesores y a millones de alumnos, los casos -cierre de aulas por ejemplo- han sido proporcionalmente mínimos. Que episodios como el contagio juvenil masivo en Baleares se produzcan a finales de junio de 2021, justamente cuando el curso ha concluido, evidencia que la respuesta del sistema educativo fue positiva y la generalizada desconfianza de los medios un error2.

2.- El sistema informativo, visto de forma global, en este caso no solo española, ha sido extremadamente cauto, o sencillamente ha guardado silencio ante problemas de primer orden como los evidenciados en los últimos meses, los meses de la pandemia. El acoso a la Organización Mundial de la Salud por parte de la administración de Donald Trump, por ejemplo. Ciertamente, la OMS tiene visibles deficiencias o insuficiencias, pero la poderosa administración norteamericana contribuye a desprestigiarla, a desorientar a la opinión pública y en definitiva a paralizarla por la reducción de fondos cuando más necesaria se hace. Lo están aprovechando además países dudosamente democráticos como China. Pero qué pocas defensas de la OMS hemos visto en los medios3.

3.- Aspecto muy positivo es que los medios, con pocas excepciones, han resaltado el escándalo de las residencias de ancianos, convertidas en las últimas décadas, cuando cayeron en picado las guarderías, en lucrativo y generalizado negocio, pero donde se han identificado serias insuficiencias cuando no prácticas que podrían considerarse delictivas. Sin embargo. en este aspecto los medios han tropezado con las primeras sentencias de los tribunales, tras rechazo de muchas demandas, que recuerdan, por ejemplo, que el demandante debe probar las acusaciones al demandado, y que en general han tendido a exonerar de culpa a las residencias y, sobre todo, a los gobiernos regionales. En todo caso, la sensibilidad actual de la opinión pública sobre los problemas de las residencias de ancianos -con su reflejo político- debe mucho a la labor de los medios.

4.- No se ha dado relieve, con excepciones, a que el sistema levantado contra la pandemia no es universal, sino esencialmente de países ricos, incluyendo episodios tan lamentables como el de India -1.300 millones de habitantes-, gran productor de medicamentos, vendiendo masivamente su producción -en plantas de multinacionales como Astrazeneca- en los mercados internacionales mientras carecen de ellas millones de hindúes. ¿Por qué si las investigaciones han recibido una masiva y mayoritaria financiación pública, no se ha buscado que beneficiasen a toda la humanidad sino a un grupo de países? La iniciativa Covax, Fondo de Acceso Global para Vacunas Covid-19, vía donaciones como la española -22 millones de dosis- es un paliativo, que fue además obstaculizado por la administración Trump, todo un detalle, en tanto Rusia sencillamente ha ignorado la iniciativa, pero no oculta la envergadura del problema. En muchos, países, además, hacen falta no sólo el medicamento, también infraestructuras complementarias para distribución y vacunación.

5.- La pandemia, su amplitud, su duración, la sucesión de oleadas y de mutaciones han desorientado con frecuencia a los gobiernos, obligados a tomar medidas generales urgentes, una urgencia que a menudo ha ido en detrimento no solo de la coherencia, sino de los niveles democráticos, con decisiones relevantes al margen de los parlamentos o sin suficiente debate público y al mismo tiempo un papel relevante, pero indeciso y a veces contradictorio, de la Justicia. Ello ha sido aprovechado desde luego por los sectores menos democráticos de la sociedad, se ha visto en Europa y se ha visto fuera de ella. Ocurre en paralelo que el proceso ha estado muy influido por la batalla política, a veces, como en España, sin término medio. La propia clase política, tan desorientada, ha influido en abundancia: en numerosos países -España, Francia, México…- se relativiza primero la utilidad de la mascarilla, para afirmar luego su carácter imprescindible. La propia OMS afirmaba en febrero de 2020: «no se recomienda su uso a personas sanas en la vida cotidiana». Muchas contradicciones, pero ese término medio, ese análisis sosegado, esas propuestas sensatas, donde tienen papel decisivo los medios informativos, se ha echado en falta.

6.- Se constata escasa información y ausencia de evaluación sobre el papel desempeñado por la sanidad privada, un sector que en prácticamente toda Europa viene teniendo un sostenido crecimiento desde hace tres décadas, a menudo con claro apoyo oficial, pero que en estos meses ha mostrado insuficiencias o inercias. Han cerrado muchos centros, sobre todo los carentes de internamientos, y se han intensificado los procesos de fusión en los últimos meses. Desde el sector se han entablado numerosas reclamaciones a los gobiernos regionales sobre ayudas no recibidas en la primera oleada de la pandemia, compensaciones económicas insuficientes, incluso posible lucro cesante, pero en general se constata que el sector de la sanidad privada no ha estado a la altura de cuanto exigía la lucha contra la pandemia. Los héroes en tiempos de pandemia han venido de la sanidad pública, pero quizá los propios gobiernos no han sido hábiles en utilizar la privada.

7.- La obtención de las vacunas ha sido objetivamente un éxito de la investigación farmacéutica mundial, ciertamente bien financiada en este caso. Se ha obtenido en un tiempo comparativamente récord. Recordemos, por ejemplo, las dificultades para una vacuna universal contra la malaria, enfermedad que cada año causa millón y medio de muertes en el mundo -países pobres- e investigación en la que se trabaja desde hace muchas décadas en muchos países. Las vacunas están en la base de dos avances básicos del mundo contemporáneo: la notable ampliación de la esperanza de vida y la reducción de la mortalidad infantil. Son imprescindibles. De promedio tardan una década en desarrollarse. Aquí no ha llegado al año. Frente a los impacientes y los escépticos, el proceso de consecución y prueba de vacunas ha sido rápido y las vacunas en general se han revelado eficaces. Probablemente ese éxito no ha sido suficientemente analizado y subrayado por los medios.

“En general, faltan datos ciertos sobre cuánto han aportado los Estados t las organizaciones filantrópicas a cada vacuna”

8.- Al mismo tiempo se detecta un análisis insuficiente del papel de las empresas que investigan y patentan las vacunas y el propio proceso investigador. Pese a que la gran mayoría de las multinacionales farmacéuticas que han intervenido en el proceso de investigación y hallazgo de vacunas son altamente rentables, la investigación ha sido financiada por los estados desarrollados en un elevado porcentaje. En general faltan datos ciertos sobre cuánto han aportado los estados y las organizaciones filantrópicas a cada vacuna. Se ha afirmado que los gobiernos -Unión Europea, EE UU, Canadá, Reino Unido- han aportado no menos de 5.000 millones de euros, que se supone no es a fondo perdido sino dinero a cuenta de las futuras dosis. Es notorio que en algunas empresas, como Moderna, nada menos que un 95% de la inversión haya sido de origen público. Algunos medios, como la BBC a mediados 2020, avanzaron algunas cifras, que luego fueron matizadas. Por otro lado, faltan análisis rigurosos sobre las profundas diferencia en los precios de unas y otras vacunas, que pueden oscilar desde los 3 euros por dosis de Astrazeneca a los 17 de Pfizer o los 31 de Moderna. Por otro lado, los laboratorios no han vendido sus dosis a los mismos precios a unos y otro países, todo lo contrario, y quien ha pagado más -caso de Israel- las han recibido antes. Se constata además bastante oscuridad en los acuerdos suscritos entre la Unión Europea y cada una de las multinacionales farmacéuticas que producen vacunas contra la Covid-19.

Esas multinacionales han aportado menos vacunas de las comprometidas o han dilatado los plazos de entrega, han anunciado, como Moderna, tras medio año de vacunaciones, la necesidad de una tercera dosis o sencillamente han engañado en los suministros a instituciones teóricamente poderosas como la propia Unión Europea, caso de Astrazeneca, de la que, recuérdese, fueron localizados en Italia 30 millones de dosis escamoteadas a la Unión Europea, pese a los acuerdos suscritos, con destino a países que pagaban más (como Reino Unido).

Muchas de las multinacionales farmacéuticas, recordemos, tienen tras de sí penosos antecedentes. Dos películas fácilmente accesibles en plataformas de cine, Amor y otras drogas («Love and others drugs», Edward Zwick, 2010) y La Casa del Río («Little Pink House», Courthey Balaker, 2017), ilustran, por ejemplo, sobre los métodos de la empresa Pfizer. La primera en torno a la venta de su producto más popular, la viagra, la segunda sobre episodios de contaminación. Los gobiernos han recurrido a esas multinacionales considerando que con ellas era más rápido conseguir vacunas, así ha sido, y las multinacionales además han realizado un lucrativo negocio vendiendo muchos millones de dosis.

En suma, en una coyuntura tan delicada como la que vive en general el mundo de la comunicación, y en especial la audiovisual, en nuestros días, la larga pandemia los ha puesto a prueba, el esfuerzo ha sido visible, pero probablemente en algunos aspectos insuficiente. Y han crecido problemas -discurso de odio, noticias falsas, influyentes sin preparación…- que una sociedad democrática, con la colaboración decisiva de los medios, debe afrontar con decisión y urgencia.

Antonio Checa Godoy. Presidente del Consejo Audiovisual de Andalucía

1Hay que resaltar cómo destacados dirigentes políticos contribuyen a la hiperinformación. Lo continuos mensajes vía twitter de un Donald Trump, más para arremeter contra sus rivales que para informar, o las conferencias de prensa cotidianas de López Obrador -más de 620 en sus primeros 1.000 días como presidente de México, con una duración promedio superior a los 90 minutos-, son buen ejemplo.

2No solo los medios digamos diarios o de urgencia, análisis más sosegados ponían también en franca alerta, véase por ejemplo el informe de Entreculturas, «La vuelta al cole, un reto global a la sombra del pandemia», dossier de 52 páginas. [Disponible en https://www.entreculturas.org%5D

3Un buen análisis español, casi por excepción, el de José María Martin-Moreno, del Real Instituto Elcano: «La OMS en su encrucijada», mayo de 2020, disponible en http://www.realinstitutoelcano.org. El que fuera dos veces ministro de Sanidad de Francia y adjunto al secretario general de la ONU, Philippe Doueste-Blazy, en entrevista aparecida en la revista Front Populaire, nº 2 (2020), culpa claramente a los propios estados de muchos de los problemas de la OMS.

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