Adicción a Internet en niños y adolescentes

Síntomas, prevención y soluciones a este problema con motivo del Día de Internet

El 17 de mayo se celebra el Día de Internet, esa herramienta que tanto ha cambiado nuestro estilo de vida en las últimas décadas. El Consejo Audiovisual de Andalucía (CAA) no pasa por alto esta fecha, ya que es consciente de los muchos beneficios que las TICs (Tecnologías de la Información y la Comunicación) nos aportan, pero también de los múltiples riesgos que pueden ocasionar si su empleo no es el adecuado. Uno de ellos es la adicción a Internet, que afecta especialmente a los más jóvenes pues a pesar de que les llamemos “nativos digitales”, continúan siendo la población más desprotegida de nuestra sociedad. En su función de salvaguardar los derechos de los colectivos más vulnerables, y en particular menores de edad, el CAA desea tratar esta cuestión para ofrecer un listado de posibles señales, prevenciones y soluciones a este problema.

Antes de abordar este tema, cabe destacar algunos de los datos que ofrece nuestro Barómetro Audiovisual de Andalucía 2020 con respecto al empleo que los niños y adolescentes andaluces hacen de Internet:

  • El 66,8% de los jóvenes andaluces menores de 18 años está conectado a las redes sociales de forma permanente, lo que supone un aumento de 3,3 puntos respecto al informe anterior.
  • Otro dato significativo del BAA es que el 38% de los menores de 18 años comienza a hacer uso de Internet antes de los 8 años; el 33,4% lo hace entre los 8 y los 10 años; el 25,1%, entre los 11 y los 13 años y sólo un 3,5% empieza a navegar por la red después de los 13 años.
  • Respecto al tiempo dedicado por este segmento de población al uso de Internet, el 30,4% de entre 13 y 17 años y el 8,8% de los menores de 13 años están permanentemente conectados a la red. Más igualados están ambos grupos de edad en el caso de la utilización de Internet durante más de 5 horas, con un 21,4% de entre 13 y 17 años y un 17,1% de los menores de 13 años.

Normalmente, cuando se habla de adicciones se hace referencia al uso excesivo de elementos químicos e invasivos para nuestro organismo, como pueden ser el tabaco, el alcohol y otros tipos de drogas. No obstante, podemos encontrar también adicciones no químicas que tienen más que ver con conductas, como, por ejemplo, aquellas vinculadas a la comida, al juego, al trabajo o el sexo. La adicción a Internet (y a las redes sociales, subtipo de la anterior) pertenecería, por lo tanto, al segundo grupo.

Charo Sádaba, profesora de la Facultad de Comunicación de la Universidad de Navarra, señala en nuestros ‘Cuadernos de Audiovisual nº9: Protección de menores en el entorno digital’ lo siguiente: “Estamos convencidos de que muchos jóvenes son adictos a la tecnología, a sus móviles, a las redes sociales. Parecemos olvidar que los rasgos que juzgamos en ellos los tenemos también nosotros. Y en general a lo que nos referimos cuando usamos el término adicción es, generalmente, a un uso excesivo que nos impide llevar una vida equilibrada, hacer otras cosas que es bueno hacer. La adicción existe, y la adicción a la tecnología también. Pero hablar de adicción tecnológica es una cosa muy seria, hace referencia a una posible patología que los últimos estudios son reacios a confirmar de manera generalizada. De acuerdo con Mark Griffiths, son tres los rasgos que han de darse para hablar de adicción: dependencia psicológica, con consecuencias graves y mantenida en el tiempo (al menos un año). Y cada uno de estos elementos tiene sus propias escalas de medición”.

Sádaba, además, remarca que “hay que comprender que la relación de los menores con la tecnología no es superficial, que se apoya en dimensiones profundas que viven con gran intensidad, y que si queremos ayudarles es bueno comenzar reconociendo la complejidad de la situación”. Existen tres necesidades humanas que en la época preadolescente y adolescente se viven de una manera particularmente viva: la necesidad social, la de evasión y la identitaria.  En este contexto, la tecnología emerge como un guante que encaja perfectamente en la mano adolescente.

A continuación, presentamos distintas señales que pueden advertirnos que un menor esté padeciendo adicción a Internet:

  • Si invierte grandes cantidades de tiempo y esfuerzo en la actividad en Internet sin ningún propósito.
  • Si  Internet se convierte en el centro de su vida.
  • Si Internet interfiere en sus obligaciones o en sus actividades básicas, alterando los patrones del sueño, la alimentación o el ocio.
  • Si desatiende sus relaciones sociales y se aisla de su familia y amigos.
  • Si abandona otros entretenimientos que solían divertirle.
  • Si evita ir a lugares en los que no es posible conectarse a Internet.
  • Si miente sobre el tiempo de conexión a Internet.
  • Si pide estar conectado a Internet, o lo está, mientras come.
  • Si sufre abstinencia: no puede controlar sus estados emocionales al ponerle límites al uso de Internet.
  • Si presenta irritabilidad y ansiedad cuando la conexión a Internet falla o resulta lenta y, especialmente, cuando se ve privado del dispositivo que le da acceso a Internet.
  • Si reanuda la actividad en Internet de forma persistente cuando, aparentemente, la ha dejado o la ha reducido (recaída).
  • Si mira el móvil de forma casi automática, incluso en situaciones inverosímiles o inaceptables (en cine, en clase, en reuniones, etc.).
  • Si niega o resta importancia a la adicción y a las consecuencias negativas que puede padecer por el uso excesivo de Internet.
  • Si justifica de la necesidad de estar con el móvil, tablet u ordenador.
  • Si enfrenta problemas con aquellos que le rodean o consigo mismo.

Explicada esta lista de posibles síntomas de adicción a Internet en jóvenes, ¿cómo podemos evitarla? Proponemos una serie de opciones para prevenir o reducir el empleo abusivo de Internet por parte de un menor:

  • Limitar el tiempo de conexión a la red.
  • Es necesario que los padres den ejemplo de un uso responsable, ellos también pueden rebajar considerablemente el tiempo de utilización de las TICs.
  • Debemos inculcar a los niños y adolescentes valores pedagógicos sobre un uso constructivo de Internet, ya que no cuentan con información sobre seguridad, privacidad o uso responsable de las TICs.
  • Situar el ordenador en una zona común del hogar. A menudo los padres suelen ponerlo en la habitación de sus hijos, donde es más difícil que puedan saber qué uso le dan a Internet.
  • Si sufre cambios de humor por no poder conectarse a Internet, los padres deben hablar con el joven sobre esta situación para que sea consciente de que algo no va bien.
  • Si el menor sufre adicción, la transición debe hacerse progresivamente, ya que podríamos alimentar la ansiedad del joven si se le desconecta de manera brusca.
  • Crear una lista de actividades que le gusta hacer, que no incluya nada de tecnología, para que las realice cada vez que sea posible.
  • Pedir la ayuda de un profesional si la situación es incontrolable o la comunicación paterno-filial no es fructífera.

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