José Antonio Marina y el escepticismo lúcido ante las fuentes de información

Posted on 9 noviembre, 2016

0



El filósofo y pedagogo José Antonio Marina inició su conferencia en el ciclo Diálogos en el CAA contando una anécdota ocurrida entre dos amigos vascos. Uno se encuentra a su amigo que salía de la iglesia y le pregunta: “¿de dónde vienes?”, y el otro responde: “de misa, de oír al cura”. “¿Y de qué ha hablado?”, pregunta el primero, “ha hablado de Dios”, respondió. “¿Y qué ha dicho?”, vuelve a interrogar. “Pues parecía partidario”, respondió el segundo.

Fue una gran introducción a uno de los asuntos centrales de su exposición: debemos ser conscientes de que entre la realidad y nosotros existe un mediador que nos cuenta esa realidad. Debemos saber que nuestra relación con la realidad es mediada y que eso nos convierte en vulnerables. Para defendernos, debemos reforzar nuestra capacidad crítica y utilizar, como una baza, las nuevas tecnologías. A partir de ahí, su discurso se llenó de interesantes interrogantes y algunas propuestas.

Al hilo de las nuevas tecnologías, la irrupción de las redes sociales y la sobreoferta de información y de opinión, Marina puso el acento en la sobrevaloración de esta última. “Todo el mundo nos quiere dar su opinión como si fuera verdad (…) existe una glorificación de la opinión de cada uno, porque nos parece que eso es muy democrático”, ha lamentado. Es en este punto cuando denunció con severidad la confusión que percibe entre información, opinión y publicidad en los medios de comunicación. Un aspecto que ataca a la más elemental deontología periodística pero que, por desgracia, es habitual en nuestro panorama mediático.

Un panorama mediático que tiende a considerar la información un consumo. Que eleva a categoría la anécdota. “¿Qué pasaría si de repente una democracia se guiara por un ‘Trending Topic’?” preguntó. Y no extraña esta pregunta. Los medios de comunicación acostumbran a hacer noticia de esta nueva ‘unidad de medida’.

Nuestra única defensa, avisó, pasa por tener conocimientos suficientes y capacidad de evaluación ante los mensajes que recibimos, para tomar decisiones de forma libre. Esta materia debería impartirse de forma transversal a lo largo de toda la etapa educativa, si bien, la asignatura de Filosofía es la idónea para profundizar en este aspecto. Por desgracia, el peso de la Filosofía y el pensamiento en el sistema educativo ha decaído en los últimos años.

La educación tiene que dirigirse a que las personas sepan tomar decisiones respecto a la información que reciben y que sepan utilizar las nuevas herramientas que la tecnología nos brinda. La educación, reivindicó, debería convertir la inteligencia en talento.

A modo de resumen, Marina nos propuso que como ciudadanos adoptemos una actitud de escepticismo lúcido ante la realidad que nos trasladan las múltiples fuentes de información que tenenos a nuestro alcance. En definitiva, a ser críticos y a educarnos en medios.