Cuando un viejo reality show bate en audiencia a la información electoral

Posted on 1 octubre, 2015

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Si aceptamos la fiabilidad del sistema de medición de audiencias en televisión, asumida por todas las cadenas, nos encontramos con que la noche electoral del pasado domingo en Cataluña, sobre la que había una gran expectativa mediática y un amplio debate ciudadano en todo el país, el canal que más espectadores concitó fue Telecinco con la emisión del debate de Gran Hermano, es decir, un tipo de entretenimiento situado en las antípodas de la información que, por otro lado, es un género que tiene en las noches electorales uno de sus puntos álgidos.

Los datos de audiencia de las televisiones en la noche del pasado 27S tienen la virtud de explicar varios procesos muy relevantes que atravesamos en materia de medios de comunicación, de información y televisión.

Que el debate sobre un reality que cumple ya su decimosexta edición, y cuyo valor como producto audiovisual es más que discutible, fuera el programa más visto y concentrara el 16,8% del share, con cerca de 2,32 millones de espectadores, según los datos de Kantar Media, nos hace preguntarnos si es que la ciudadanía no está interesada en la información o si, por el contrario, sí lo está pero la televisión está dejando paso a otros medios como fuentes de información y por qué.

Sin contar con los espectadores de los canales autonómicos, la mayoría de las personas que vieron la televisión en la noche del domingo sintonizó con algún canal en el que se ofrecía el recuento de votos y los debates que estos resultados suscitaban, así como las reacciones de los candidatos a estos comicios que tan alta expectación habían generado. La audiencia acumulada superó los cinco millones y medio de televidentes entre La Sexta (casi 2 millones, y 12,2% de share), Antena3 (1,65 millones y un 8,9% de share), TVE (1,16 millones, 6,6% de share) y Cuatro (698.000 espectadores, un 3,7% de share).

Gracias a los diversos estudios sobre el consumo de medios sabemos que en los últimos años se está produciendo un rápido cambio de hábitos por parte de la ciudadanía. En el caso de la televisión, se trata de un medio en el que el factor entretenimiento crece o se mantiene en detrimento del factor información. Según el Barómetro Audiovisual de Andalucía 2014, para el 57,3% de los entrevistados, el primer motivo para ver la televisión es entretenerse. Para en 22% de los encuestados, la motivación principal es informarse.

El cruce de datos de esta encuesta anual que realiza el CAA nos revela además que los ciudadanos que encienden la televisión para informarse como primera y única fuente son más acríticos que aquellos que eligen cualquier otro medio, ya sea internet, radio o periódicos impresos. En la encuesta de este año destacó asimismo otro dato que puede explicar la creciente desconfianza de la ciudadanía ante la televisión para ejercer plenamente su derecho a la información, y es que el 72,7% piensa que los telediarios mezclan información con opinión, y el 61% considera que la televisión no respeta el principio de pluralismo político.

Los datos de la noche electoral nos están enviando además un mensaje perverso, pues se comprueba que un formato barato de producir -como es un reality show con 16 años de antigüedad- obtiene más audiencia, y por tanto mayores ingresos publicitarios, que un producto caro como es la cobertura informativa en directo de un proceso electoral.

Otra cuestión que aflora en las cifras de audiencia del 27S es el hecho de que La Sexta, un canal privado, lidere la apuesta informativa y se lleve la audiencia de calle, en lugar de la televisión pública que, con muchos más medios técnicos y personales, fue la tercera en las preferencias de los espectadores. Un dato que contrasta con los más de cuatro años en los que mantuvo un liderazgo imbatible de sus servicios informativos, ganadores de los premios internacionales más prestigiosos.