Redes sociales, qué implica esta revolución acelerada del paradigma mediático

Posted on 26 junio, 2015

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Si usted se encuentra entre ese 25% de andaluces que eligen internet como primer medio para informarse, y si además, está entre ese 46% que lo hace a través del teléfono móvil, se habrá percatado ya de que al lado de las clásicas etiquetas para compartir las noticias en redes sociales como Twitter o Facebook, se ha ido incorporando la opción de WhatsApp.

Y es que España es uno de los países incluidos en el informe Reuters Institute Digital News 2015, una macroencuesta internacional (más de 23.000 entrevistas), donde más se usa WhatsApp como red social de acceso a noticias (más del 25% de los encuestados), después de Facebook, la red social que lidera de forma absoluta su uso como fuente de noticias (más del 50%).

Los estudios que hemos conocido en las últimas semanas sobre hábitos de consumo de medios para información y entretenimiento constatan no ya el cambio de paradigma, sino lo vertiginoso de este cambio en el que las redes sociales se erigen en auténticas prescriptoras de contenidos informativos y de entretenimiento, entre las miles de cosas más en las que se han convertido en muy poco tiempo.

En Andalucía, en sólo cuatro años, las redes sociales le han comido terreno a los diarios digitales como primera fuente de información a un ritmo frenético: un crecimiento superior a 20 puntos porcentuales entre 2011 y 2014. Si en 2011 el 20% de las personas que elegían internet para informarse lo hacía en primer lugar a través de las redes sociales, en 2014, ese porcentaje se elevó al 42,2%, según reveló el último Barómetro Audiovisual de Andalucía. En paralelo, las webs de los periódicos y los diarios digitales como primera puerta de acceso a las noticias retroceden también 20 puntos, del 84,5% que en 2011 al 61% en 2014.

El Barómetro Audiovisual de Andalucía nos dice además que el uso de las redes sociales como canal de entretenimiento potencia el visionado de la televisión online y de las plataformas de vídeo. Y es una obviedad añadir que quienes acceden a la información a través de las redes sociales como primer peldaño, terminan en un diario digital.

¿Qué implicaciones tiene este papel de las redes sociales como prescriptores de contenidos informativos? No son medios de comunicación en sí mismas, pero su influencia está siendo determinante y se empieza a acercar muy deprisa a la potencia difusora de la omnipotente televisión. Y surge la pregunta de quién alimenta a quién.

Los medios tradicionales (prensa escrita, televisión y radio) se nutren a diario de lo que acontece en internet. Las polémicas en Twitter llenan páginas de periódicos, inspiran editoriales, y copan tertulias televisivas y también minutos de informativos. Lo mismo ocurre con los vídeos virales, un fenómeno que, además, abarata la realización y producción televisiva cuantitativa y cualitativamente.

Al mismo tiempo, cada estreno en la pequeña pantalla, una serie, un concurso, y reality, tiene su reflejo en Twitter y en Facebook. Hasta el punto de que algunas grandes productoras de contenidos destinan recursos y personal a analizar la reputación y repercusión en las redes del lanzamiento, y se mide la conversación social en términos cuantitativos y cualitativos durante la emisión.

Como usuarios de internet y de las redes sociales, hemos de tener presente que estas plataformas disponen, almacenan y comercian con nuestros datos personales. No sólo los referidos a edad, lugar de residencia o profesión. Nuestra ideología, nuestros gustos estéticos, nuestras redes familiares y de amistades, nuestra situación personal y laboral o el lugar físico en donde nos encontramos en cada momento…

Desde octubre del año pasado Facebook y WhatsApp están en las mismas manos: la primera compró la segunda por 22.000 millones de dólares. Dos años antes, en 2012 adquirió Instagram, la aplicación gratuita para compartir fotos, muy popular en España.

No descuidemos esta otra derivada al confeccionar nuestra dieta mediática, porque esta especie de oligopolio de redes sociales convertidas en proveedores de información y entretenimiento se rige por unas normas de uso que pretenden evitar la publicación y difusión de contenidos ilegales, que inciten al odio y demás principios fundamentales.

Unas reglas de uso impuestas unilateralmente por estas compañías privadas que en ocasiones han suscitado alguna que otra controversia por su laxitud con contenidos claramente denigrantes contra la mujer, por ejemplo, frente a su censura de otras imágenes o textos que, a priori, no tendrían por qué ofender la dignidad ni atentar contra principios fundamentales.