¿Estamos bien informados? Cuando la facilidad de acceso a los medios no garantiza el derecho a la información

Posted on 20 febrero, 2015

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“Sin ciudadanos informados, la democracia no funciona”. Esta frase se escucha en el recomendable documental Page One: Inside The New York Times. En español se ha traducido como Página Uno, un año en el New York Times. Dirigida por Andrew Rossi, esta película muestra el trabajo de la sección de Medios del principal periódico norteamericano durante 2010. A través de los acontecimientos ocurridos en el sector de los medios de comunicación en ese año, el documental realiza un profundo y agudo análisis sobre el estado de salud del periodismo en un momento de crisis mundial y de revolución tecnológica. Un momento de cambio total y radical.

La cinta repasa la caída en picado del negocio de la prensa tradicional, que aboca a despidos, cuando no cierres, derivados de la transición brusca y sin marcha atrás del papel a lo digital, y la consecuente caída de la publicidad. El acceso gratuito en internet a los mismos contenidos que se venden en los quioscos ha supuesto la autodestrucción de los diarios impresos que van perdiendo su capacidad de dictar y establecer la agenda mediática: de qué hablan el resto de medios de comunicación.

Bajo todas estas circunstancias, Page One plantea la siguiente pregunta: ¿qué pasaría si desapareciera el New York Times, toda una institución del periodismo en EEUU?

Aunque han pasado ya cinco años desde su grabación y cuatro desde su estreno, lo que podemos ver en este documental da cuenta de lo que ocurre actualmente en la profesión periodística no sólo en Estados Unidos, sino en general en el mundo occidental. El afán por ser el primero en contar una historia se impone a contar historias suficientemente contrastadas, contextualizadas y de interés o relevancia real para la sociedad.

Una de las secuencias del documental sintetiza el deterioro de la calidad de los medios de comunicación y sus causas: Uno de los periodistas del NYT, David Carr, para informar sobre un acuerdo editorial entre la CNN y Vice, una web de contenidos audiovisuales, se reúne con representantes de ambas compañías. La intención de la CNN, explican, es atraer a una audiencia más joven, y para ello se disponen a incorporar los reportajes elaborados por Vice. Y como ejemplo vemos a un corresponsal de este portal que entrevista a un ‘señor de la guerra’ en Liberia. Mientras atraviesan un pantano, este hombre cuenta al corresponsal que se beben la sangre de niños inocentes antes de la batalla. “¿Así que matáis a un niño y luego os bebéis la sangre?” pregunta el reportero. “Sí”, responde el protagonista de este video, que a continuación nos muestra una playa llena de excrementos humanos, porque el país es tan pobre que sus ciudadanos no disponen de lo más básico.

A preguntas del NYT, los dueños del portal se jactan de no ser periodistas al responder sobre por qué no contextualizan la historia, si habían contrastado que el asesinato de niños era cierto, sobre la credibilidad de este fanático delante de una cámara de vídeo. El representante del diario neoyorkino, algo irritado, les recuerda que su periódico lleva años sobre el terreno contando las guerras y desgracias que asolan Liberia, el cómo, el cuándo y el por qué.

La semana pasada coincidió la visita de una de las directoras, Jill Abramson a España, y el prematuro fallecimiento este carismático periodista, David Carr, protagonista de este documental con el resto de reporteros de la sección de Medios del NYT. También la semana pasada, en Documentos TV, de TVE, se emitió otro documental que habla de periodismo y libertad de información y de expresión, Sombras de libertad. En una sociedad democrática como la estadounidense, caracterizada por la libertad de expresión y el derecho a la información, ocurre que tan solo cinco grades grupos empresariales controlan el 90% de los medios de comunicación, una circunstancia que pone en peligro la libertad de prensa y que supone, como demuestra el documental, que se silencien noticias contrarias a determinados intereses económicos.

Y abre una reflexión más que oportuna en estos momentos, sobre el hecho de que la facilidad de acceso que hoy en día tenemos a la información, sobre todo gracias a internet, y a los múltiples canales de televisión, nos puede hacer creer que estamos adecuadamente informados, que disponemos de toda la información y datos de lo que ocurre en el mundo. Sin embargo, esto no es del todo así.

A diario recibimos un auténtico bombardeo de noticias banales: récords de temperaturas altas o bajas, según la estación del año, efectos de temporales de nieve se llevan minutos y minutos de los informativos que, después y además, ofrecen la previsión meteorológica diaria. Se da cuenta de la vida de famosos o detallada información de los entresijos de los deportistas más cotizados. Y en comparación, las noticias relativas a la economía o el medioambiente son escasas y breves. ¿Estamos realmente informados, estamos bien informados?

Volviendo a la pregunta que planeta el documental Page One, ¿podría desaparecer el NYT, referente –aunque también con sus luces y sombras- del rigor y la calidad periodística internacional?

La respuesta que se deja entrever es que siempre existirá un medio que ejerza la función social, imprescindible para los países democráticos, del periodismo con mayúsculas: aquel que denuncia y fiscaliza el poder económico y político, denuncia sus abusos, explica y suscita el debate entre la ciudadanía de los asuntos que le atañen, y lo hace desde el respeto a la ética y a los valores de la justicia y la verdad. Sin ellos, la democracia no funciona, aunque sin mucho esfuerzo creamos en el espejismo de que, efectivamente, estamos informados.