Tratamiento informativo de los atentados de París: el espectáculo de la violencia real

Posted on 19 enero, 2015

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Ha pasado ya un tiempo suficiente para poder hacer una reflexión más serena sobre el tratamiento mediático de los atentados yihadistas de París. Al impacto causado en toda la opinión pública por estos hechos contribuyó, en un primer momento, la difusión de las crudas imágenes en las que uno de los terroristas remata en la calle a un policía que yacía herido en el suelo, a quemarropa y con una frialdad pasmosa.

La reproducción de estas imágenes recorrió internet y los informativos de prácticamente todas las televisiones en los primeros minutos del asalto a la revista satírica Charlie Hebdo objeto del primer atentado. Y como sucesión lógica, al poco tiempo y a fuerza de ver esa secuencia tan impactante en nuestras pantallas una y otra vez, se suscitó un debate público sobre la idoneidad o no de emitirlas.

Los defensores de su emisión aluden a la utilidad de esta escena cruel para hacernos una idea más fiel de lo ocurrido en la sede de la revista, de la frialdad de los autores de la matanza, de –al fin y al cabo- el valor de esta secuencia para explicar mejor unos hechos que, tan solo en lenguaje escrito y oral, ya son de por sí lo suficientemente explícitos: dos hombres fuertemente armados matan a tiros y a sangre fría a 12 personas en la sede de una publicación satírica.

En cambio, los detractores de su emisión advierten de los perjuicios que causa en una sociedad de masas la espectacularización de la violencia por parte de los medios de comunicación. Entre ellos la banalización de esa misma violencia y la espectacularización de la información, que se acaba convirtiendo en un entretenimiento efectista sin más aspiración que conseguir altos índices de audiencia, por encima del deber periodístico de informar a la población.

Lo cierto es que su emisión en bucle en casi todos los programas informativos, telediarios y magacines, a cualquier hora del día y sin una previa advertencia a la audiencia fue habitual en los primeros días. Una dinámica que nos mostraba unas escenas más propias de una película bélica o de un videojuego que, sin embargo, estaban ocurriendo en las calles de París con personas reales, con nombres, apellidos, familias, amigos…

Esa avidez de los medios por imágenes espectaculares para narrar hechos, para aportar más información ha sido satisfecha con la llegada de más material: por ejemplo, la misma secuencia del tiro de gracia al policía desde otro ángulo, o el asalto policial al supermercado judío, en el que puede apreciarse perfectamente como la policía abate a tiros al secuestrador, y las víctimas comienzan a escapar corriendo hacia la calle.

Cabe preguntarse si esas imágenes aportan un contenido valioso a la información y la respuesta no es unánime, porque es indiscutible el valor de las mismas como documento audiovisual.

Las investigaciones de los teóricos de la Comunicación revelan que la exposición de una persona –cuanto más joven, sobre todo- a contenidos violentos en los medios audiovisuales produce efectos perversos que pueden ser de tres tipos: la insensbilización hacia la violencia, el contagio de la violencia como forma de resolver conflictos y, por último, el miedo al mundo que le rodea, al que percibe como altamente violento.

Precisamente en Francia, unos meses antes de que ocurrieran estos hechos, el Consejo Audiovisual de este país puso en marcha una campaña dirigida a los padres y madres para que no dejaran pasar sin más los contenidos violentos e inapropiados que llegan a sus hijos e hijas a través de los medios de comunicación audiovisual, televisión e internet. Una campaña que busca implicar a los adultos para que les expliquen que las relaciones entre las personas no son tan violentas o agresivas como muestran algunos programas de la televisión. Esta campaña consta de dos anuncios, cuyo lema dice “Las imágenes violentas deben evitarse, si no, hay que hablar. Frente a las pantallas, seamos vigilantes”.