Diálogos en el CAA. Derecho a la información: periodismo al servicio de la propaganda

Posted on 6 noviembre, 2014

1



En el año 2011, 7.000 periodistas españoles, 200 medios de comunicación y todas las asociaciones profesionales suscribieron un manifiesto titulado #sinpreguntasnocobertura, donde cristalizaron las reiteradas denuncias por parte de los profesionales de la información ante unas prácticas anómalas que se estaban extendiendo en los centros de poder político, administrativo y económico: la convocatoria de ruedas de prensa en las que no estaban permitidas las preguntas de los periodistas. Esta denuncia fue trasladada también al Defensor del Pueblo que, sin embargo, no lo consideró un asunto objeto de su intervención.

Transcurridos tres años desde aquella iniciativa, la situación no ha mejorado mucho, según se pudo constatar esta semana en el ciclo organizado por el Consejo Audiovisual de Andalucía Diálogos en el CAA, en cuya inauguración se abordó el conflicto entre el derecho a la información y los intentos de los centros de poder por difundir propaganda disfrazada de información. En realidad, estas prácticas –impedir a los profesionales interpelar a las fuentes- pretenden justamente eso.

En esta conferencia, la presidenta de la Federación de Asociaciones de Periodistas de España (FAPE) Elsa González, denunció que las formas se han sofisticado: “ahora nos convocan y no lo llaman rueda de prensa”, pero el objetivo es el mismo, la comunicación unilateral, la imposibilidad del profesional de la información de preguntar, rebatir y cuestionar al emisor, y hacer llegar a la opinión pública una consigna o idea sin posibilidad de crítica.

La presidenta de la FAPE recordó que los partidos políticos y otras instancias de poder se han dotado de equipos de comunicación que elaboran vídeos de mítines o eventos con el objetivo de evitar el filtro y la interpretación del periodista: ellos seleccionan planos, secuencias y la intervención a emitir en los teleinformativos.

Estos hábitos son impensables en otros países de nuestro entorno europeo. De hecho, el Consejo de Europa y el Parlamento europeo dieron la razón a los periodistas españoles en sus denuncias en sendas resoluciones aprobadas en 2012, en donde advertían sobre grave amenaza que representan para la salud democrática del derecho y la libertad de prensa en nuestro país.

Aquella iniciativa de los periodistas que suscribieron dicho manifiesto perseguía que los medios de comunicación no difundiesen actos en los que se coarta el derecho y la libertad de información, pero este objetivo no se consiguió. La falta de consenso entre los diferentes medios ha hecho imposible erradicar estas limitaciones al ejercicio profesional. Ahí está la clave, tal y como coincidieron en señalar los intervinientes en este foro de diálogo: la necesidad de una representación de la profesión periodística fuerte y única frente a la atomización actual que caracteriza a los órganos de filiación periodística.

Para combatir la propaganda y su fin último, la manipulación de la opinión pública, diferentes organismos internacionales de defensa de la libertad de expresión insisten en tres puntos fundamentales. El primero de ellos consiste en que los medios de comunicación distingan nítidamente los hechos de la opinión. Sin embargo, la percepción ciudadana es la sobreexposición a debates y tertulias políticas y de información general, frente a una ausencia de espacios informativos, siempre más caros de producir que los anteriores.

La segunda premisa incide en la necesidad de transparencia en la propiedad de los medios de comunicación. Y la tercera se refiere a la alfabetización mediática de la población para que tenga capacidad de analizar de forma crítica los mensajes que recibe a través de los medios.

Otra clave está en el papel que desempeñan los medios de comunicación públicos. Las radios y las televisiones que en España atraviesan momentos de enorme inestabilidad. La periodista de TVE Alicia Gómez Montano, que intervino en esta conferencia organizada por el CAA, apostó por devolver a la ciudadanía el poder sobre los medios públicos.

Gómez Montano recordó “de dónde venimos”: de unos medios públicos creados en la dictadura, al servicio del régimen y caracterizados por la censura y la propaganda. Con la Transición a la democracia, recordó, “entregamos el control de los medios públicos a los partidos políticos, y se produjo una perversión: pusimos la radio y la televisión pública en manos del partido que tiene la mayoría, no en manos del Parlamento”.

Según la veterana periodista navarra, el tratamiento informativo que hizo la televisión pública de las manifestaciones de no a la guerra de Irak, o del desastre del Prestige “fraguó el concepto de manipulación en la sociedad de una forma que no se había producido hasta entonces”.

Otra reflexión planteada en esta jornada tuvo que ver con las próximas convocatorias electorales que se avecinan y el papel de los medios de comunicación en las campañas de los partidos. Según el decano del Colegio de Periodistas de Andalucía, Antonio Manfredi, las próximas campañas electorales incidirán poco en la decisión de voto de la mayoría de los ciudadanos a diferencia de lo que venía ocurriendo hasta ahora.

¿Por qué? Manfredi recordó que el ciudadano cuenta ahora con otras herramientas tan potentes como la televisión que le permiten configurar su realidad, especialmente internet y dentro de internet, las redes sociales. “Insistir en mensajes cargados de efectismo pero carentes de veracidad no conduce a conseguir el poder, al menos con tanta profundidad como hasta ahora”, dijo. Esta advertencia del decano del Colegio de Periodistas andaluces vino a recordarnos que los escenarios y los paradigmas de la comunicación de masas están cambiando a un ritmo vertiginoso.

Y sin embargo, la propaganda disfrazada de información sigue aún teniendo el poder de condicionar decisiones trascendentales que afectan a toda la ciudadanía. La capacidad y la intención de los profesionales de la información y del periodismo por evitarlo se mantiene como algo imprescindible para preservar derechos fundamentales de la ciudadanía.