Mujeres en la élite deportiva, un fuera de juego para los grandes medios de comunicación

Posted on 30 septiembre, 2014

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La polvareda de declaraciones y reacciones suscitada en los últimos días por el nombramiento de una mujer (Gala León) como entrenadora del equipo masculino de tenis para la Copa Davis revela en casi toda su dimensión algunas de las consecuencias (nefastas) de un hecho constatado empíricamente: la mujer es invisible en el mundo deportivo que reflejan los medios de comunicación más allá de las “paragüeras”, de “las chicas de la contraportada” o de las parejas de los astros del balón.

Al margen de las cualidades profesionales de Gala León para dirigir un equipo en la alta competición, las reticencias manifestadas públicamente por destacados actores deportivos y el revuelo mediático de su nombramiento no hacen más que evidenciar el papel que, en términos generales, el ideario colectivo le reserva a la mujer en el mundo del deporte, sobre todo si nos movemos en una especialidad altamente competitiva.

Si una persona se formara una idea de la realidad exclusivamente a través de la televisión, la radio y la prensa escrita, pensaría que el deporte es cosa de hombres. En los telediarios, por ejemplo, cuatro de cada 100 deportistas entrevistados a lo largo de 2012 fueron mujeres. Un dato escandaloso teniendo en cuenta, no sólo que venimos de unos años en los que el deporte femenino nacional ha protagonizado éxitos notables en competiciones internacionales (últimas olimpiadas de Londres), sino que la sección de deportes progresivamente ha ido ganando minutos al resto de la información en los telediarios. En cuanto a las retransmisiones de competiciones deportivas femeninas, el balance es igualmente sonrojante sin que a nadie parezca importarle demasiado.

Estas prácticas tienen unos efectos devastadores para las mujeres y niñas, que carecen de referentes a imitar en el mundo del deporte. Tiene efectos fatales también sobre aquellas deportistas de élite que pretendan vivir de esta vocación aunque ganen todos los torneos donde compitan, a diferencia que la mayoría de sus compañeros hombres. La pescadilla que se muerde la cola: falta de patrocinadores, menor eco mediático, invisibilidad. Resultado: ausencia de medios para competir.

Este verano, la nadadora Mireia Belmonte batía todos los récords de un deportista español: ganó seis medallas en el campeonato europeo de Berlín (dos oros, dos platas, dos bronces), y a los pocos días, se hacía con tres oros y una plata en la Copa del Mundo de Doha, un récord mundial incluido. Los triunfos de Doha le reportaron apenas 4.000 euros que emplea en costearse los traslados y estancias en las ciudades donde tiene que competir. Tras su hazaña, la nadadora lanzó una certera crítica a los medios “Importa más el pelo de Sergio Ramos que mi récord del mundo”.

Mireia Belmonte se ha salido del estereotipo que los medios han forjado de las mujeres en el ámbito deportivo. Ahora a Gala León le ocurre algo similar. La presidenta de Honor de WomenCeo, Eva Levy, alta ejecutiva desde hace 30 años, definió recientemente este concepto, el estereotipo, como “una suma de prejuicio y generalización, más o menos letal. (…) Tal vez al elaborarse el estereotipo hay ya alguna conciencia –o conciencia plena- del error de partida, pero resulta cómodo porque supone una simplificación que nos permite opinar o decidir sobre la marcha”.

Los profesionales de los medios de comunicación tienden a simplificar la realidad para poder explicarla y describirla en una tarea diaria y frenética. Sin embargo, este resumen es incompleto cuando se trata de la visibilidad femenina. En el quinquenio comprendido entre 2009 y 2013 la voz de la mujer representó el 28,6% del total de las entrevistas de los informativos de las televisiones andaluzas, sin que en los últimos años haya avanzado esta magnitud a favor de las mujeres, más bien al contrario. La presencia es residual en noticias de deportes, o en las que hablan de tecnología, economía, ciencia…

En Francia, bastó un solo informe de este tipo elaborado por el consejo audiovisual galo, que arrojó porcentajes similares a los registrados en Andalucía, bastó para arrancar un compromiso de los canales públicos de alcanzar un 30% de presencia femenina en este año. En la BBC también decidieron incorporar medidas correctoras ante las quejas recibidas por parte de la audiencia.

En España, una mujer elegida para dirigir un equipo masculino de tenis genera ríos de tinta y horas de tertulia audiovisual donde se cuestiona su valía y las posibilidades de desempeñar correctamente su función por el mero hecho de ser mujer.