Noticias sobre asesinatos machistas, un ránking macabro y estéril

Posted on 3 septiembre, 2014

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“Sigo teniendo mis reparos sobre la forma en que se hacen las coberturas. Eso de: “ya son treinta y tantas muertas por violencia de género en lo que llevamos de año”, suena a competición. A partir de ahí se repite el esquema informativo en cada caso; se cuenta cuándo la han matado, cómo, ofreciendo muchos detalles que sobran. El tratamiento no es el adecuado y creo que tiene un efecto negativo en muchos sentidos. Tenemos que ser muy cuidadosos con estas informaciones. Algo hacemos mal. De hecho, la gran cobertura informativa no ha llevado a una disminución drástica de la violencia de género. Debemos plantearnos que lo importante no es difundir con detalles esos hechos sino extendernos en explicaciones sobre la necesidad de denunciar y los cauces. En eso sí que debemos ser repetitivos. Hay que mentalizar a la ciudadanía de que debe denunciar. Hay que concienciar de que no debemos permitir, ni hombre ni mujer, que nos violenten, que la primera bofetada ya sobra”.

Estas son las reflexiones de la prestigiosa y veterana periodista de TVE Pilar Requena, sobre el tratamiento mediático de la violencia de género en una recomendable entrevista publicada recientemente en eldiario.es.

En este blog le dedicamos mucho espacio a esta cuestión: es un asunto en el que hay vidas en juego y los medios desempeñan un papel fundamental en la concienciación y combate de este déficit democrático, como lo llama la abogada y política vasca Rafaela Romero en un artículo titulado “No es una lacra, es un gran déficit democrático”.

Este último mes de agosto ha sido especialmente cruento, con ocho mujeres asesinadas por sus parejas o exparejas. Un pico en la macabra estadística que, a fuerza de perpetuar el esquema de noticia del que habla Requena: “víctima número x en lo que va de año, existencia o no de denuncia previa, arma utilizada, edad de la mujer asesinada” desdibuja el drama personal al que están sometidas las víctimas.

Los datos son importantes, describen una realidad, pero por si mismos se limitan a ser una descripción cuantitativa. Es necesario ir a lo cualitativo en el tratamiento mediático de la violencia de género si queremos conseguir algo más que darnos cuenta de que el problema está ahí y es grave. Si queremos evitar que el dato acabe desdibujando a las víctimas y las despersonalice.

En este infausto mes de agosto, los medios convirtieron en elemento central de la noticia la condición laboral y la formación de una de las víctimas: Ana María Márquez era la directora del Museo de Nerja, como titulaban las agencias de prensa, y repitieron otros medios al informar sobre el crimen. Márquez era licenciada en Historia por la Universidad de Córdoba, experta en Patrimonio Cultural por el Consejo Superior de Investigaciones Científicas y consultora en Arqueología y Museología. En noviembre de 2013 fue nombrada directora del Museo de Nerja después de superar el proceso selectivo y la realización de diversas pruebas.

Este perfil llamó tanto la atención porque parecía salirse del estereotipo de víctima de violencia de género, que en el ideario colectivo se representa como una mujer con pocos recursos, baja formación y de extracción humilde. Y nada más lejos de la realidad.

Entre todas las acciones que los medios de comunicación pueden poner en marcha para combatir desde su ámbito la violencia machista, está el dar voz a los expertos en esta materia y a víctimas que hayan salido del infierno. Sería una novedad respecto a lo que estamos acostumbrados a ver y oír: la noticia plantilla.

Así, quizás muchas mujeres y jóvenes –preocupante la percepción de la violencia de género entre los adolescentes- serían conscientes a tiempo de que todos y cada uno de los asesinos tenían un concepto de la relación que pasaba por el control de la pareja, a la que consideran un ser inferior cuya conducta hay que corregir. Un control que se traduce en celos, en acoso, en aislamiento social, en maltrato psicológico y culmina con la violencia física que puede llevarlas, como vemos todos los meses, casi todas las semanas, hasta la muerte, sin importar su condición social.

El problema es muy complejo, pero desde luego no es propio de la extracción social de la mujer, sino del machismo radical del maltratador, una forma de pensamiento transversal. Contra eso es contra lo que deberíamos luchar todos los estamentos con responsabilidad en la materia. Los números tan solo ilustran esta realidad tan macabra, dolorosa e injusta.