El poder de la televisión sigue intacto, tanto para lo bueno como para lo malo

Posted on 31 enero, 2014

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Nos movemos en los niveles de consumo de televisión más elevados de toda nuestra historia. Cada español pasó ante la pantalla más de cuatro horas diarias (244 minutos) durante 2013, una marca sólo superada el año anterior, cuando el consumo se elevó a 246 minutos -según datos de Kantar Media-. La crisis, no olvidemos que la pequeña pantalla ofrece un ocio barato, el asentamiento de las nuevas tecnologías, así como el empuje de las redes sociales son factores que han contribuido a fomentar el producto audiovisual. Si analizamos las audiencias por comunidades autónomas, los andaluces constituimos el público que más televisión consume, con 260 minutos por persona y día.

A pesar de la convivencia con otros medios y del profundo proceso de transformación tecnológica en el que se ve inmersa, la televisión sigue gozando de un notable vigor y de una inmensa influencia. Tres de cada cuatro andaluces aseguran que la televisión es el medio que prefieren para informarse –según datos del Barómetro Audiovisual de Andalucía que elabora anualmente el CAA-, mientras que el porcentaje de la población de la Comunidad que la elige para entretenerse supera el 82%.

Estos datos nos dicen algo que ya sabíamos, pero que a veces no tenemos presente. Nos hablan del poder que tiene la televisión y del enorme daño que puede causar a la sociedad si no somos conscientes de que, como también es bien sabido, todo gran poder conlleva una gran responsabilidad. No debemos, por ejemplo, caer en el error de pensar que podemos hablar en televisión como si estuviéramos en la barra de un bar. La escala y la onda expansiva son muy diferentes. Recientemente, un juez ha condenado el periodista Eduardo García Serrano por los insultos que profirió en una tertulia de Intereconomía contra la ex consejera de Salud catalana Marina Geli. La sanción aplicada es de 18.000 euros y el periodista, además, deberá abonarle una multa de 12 euros al día durante nueve meses. Los insultos – “guarra”, “zorra repugnante”, “puerca”- fueron graves y tuvieron una importante repercusión pública, como demuestra el hecho de que, a pesar de que han pasado más de tres años desde los hechos juzgados, si se teclea el nombre de la diputada en Google, las imágenes de esa tertulia siguen apareciendo entre los primeros resultados.

La penetrante influencia de la televisión, para lo bueno y para lo no tan bueno, es innegable. Y no se limita a la idoneidad de los contenidos que emite, sino que también importa y mucho cuándo los emite, pues la estructura de la programación puede condicionar nuestros hábitos de descanso, el ritmo de nuestros quehaceres cotidianos. La Comisión Nacional para la Racionalización de los Horarios Españoles (ARHOE)  concluyó que el prime time en España se ha alargado demasiado y tiene un público considerable pasadas las 23:00 h. (la hora a la que, según la ARHOE, debería finalizar). El momento de mayor audiencia se ha desplazado en torno a hora y media desde 1990, aumentando aún más la diferencia que ya existía con el resto de países de la UE.

La Asociación de Usuarios de la Comunicación ha pedido a las cadenas de televisión un esfuerzo para el año que empieza. Las cadenas no pueden considerarse responsables de las pocas horas de sueño y del hábito de trasnochar que caracteriza incluso a nuestros menores, pero no cabe duda de que un mayor cuidado en las franjas de emisión de determinados programas de éxito tendría un efecto muy beneficioso para la organización y el descanso suficiente de la ciudadanía.

La vitalidad e influencia que sigue presentando la televisión en nuestra sociedad hace que sea imprescindible que los poderes públicos se mantengan vigilantes sobre las consecuencias de posibles malas prácticas. España es el único país de nuestro entorno europeo que carece de un regulador audiovisual nacional de carácter independiente y dotado con las correspondientes competencias. Sus funciones han sido asumidas en parte por la Comisión Nacional de los Mercados y la Competencia (CNMC). En nuestro país, Cataluña y Andalucía son las dos comunidades autónomas que cuentan con órganos específicos e independientes de regulación audiovisual.

Más allá de mantenernos bien alerta y de aplicar las sanciones que contempla la normativa, hay que profundizar en los procesos de alfabetización mediática, porque también la salud del sector audiovisual es una cuestión de educación. Es importante que haya un órgano que multe cuando alguien vulnera la Ley insultando gravemente a otra persona a través de la pantalla, pero no nos olvidemos de difundir valores como el respeto mutuo, el pluralismo democrático, el reconocimiento de la diversidad… Siempre es mejor apostar fuerte por la medicina preventiva que por la cirugía, aunque ésta resulte imprescindible.

Posted in: Autorregulación