Un canon para financiar la radiotelevisión pública, ¿viable en España?

Posted on 4 julio, 2013

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¿Cuál es la mejor fórmula para financiar una radiotelevisión pública? ¿Qué método garantiza a la ciudadanía una radiodifusión al servicio de sus intereses, con una programación de calidad, unos informativos independientes editorialmente, libres de presiones políticas o empresariales?

Es una pregunta nada fácil de responder, al menos en España, donde el sistema de financiación de RTVE sufrió una profunda modificación en 2010 al eliminarse la entrada de ingresos directos vía publicidad y sustituirse por la aplicación de una tasa a las televisiones privadas y las operadoras de telecomunicaciones para compensar la pérdida de los anuncios. Este sistema emula al francés que ha sido avalado recientemente por el Tribunal de Justicia Europeo en una sentencia que puede hacerse extensiva para el conflicto planteado por la Comisión Europea. En el país vecino, esta tasa se suma al canon que pagan directamente los ciudadanos cada año si quieren recibir la señal de la televisión pública en sus hogares.

El cambio producido en nuestro país mantuvo la subvención procedente de los Presupuestos Generales del Estado que, con los recortes y la crisis económica, viene descendiendo significativamente en los últimos años. A RTVE le queda, además, el patrocinio cultural y deportivo –cuyo uso está siendo duramente criticado por las televisiones privadas– y la comercialización de programas propios. De entre todas estas fuentes de financiación quedó descartada la alternativa planteada por el Comité de Sabios convocado por el Gobierno en 2004,  consistente en aplicar un canon directo por hogar, como ocurre en los países más desarrollados de Europa.

En Gran Bretaña, Alemania, Francia, los países bajos, e Italia, entre otros, los ciudadanos pagan una cantidad anual por ver la televisión pública. Esta modalidad se combina con otras fórmulas de financiación.

Por ejemplo, en el caso Alemán, además de ingresar aproximadamente 200 euros por hogar al año, los canales de la televisión pública pueden emitir un promedio de 20 minutos de publicidad al día. El resultado de este sistema es que más del 85% de sus ingresos proceden de esta tasa directa y el resto de la publicidad. En países como Francia, Italia o Bélgica, a estas dos vías se añade la subvención pública del estado vía presupuestos o la tasa a las “telecos”, como se ha indicado, en el caso francés.

La mítica BBC, siempre ensalzada como ejemplo de televisión de calidad y servicio público, obtiene el 80% de sus ingresos vía canon (unos 180 euros por hogar) y el 20% restante lo consigue con la comercialización de sus producciones –series, películas, documentales, programas…-. Hace un año la cadena británica, emblema del país dentro y fuera de sus fronteras, decidió insertar publicidad en su portal web BBCMundo.

Con motivo de la crisis y de la prioridad a la hora de gestionar los escasos recursos públicos, los responsables políticos se replantean qué modelo resulta más ventajoso. En Cataluña, el gobierno autonómico ha recuperado estos días una propuesta que puso sobre la mesa a finales del año pasado:la posibilidad de aplicar una tasa a los ciudadanos para sufragar TV3. Será interesante seguir el recorrido de esta medida teniendo en cuenta que el canal público autonómico es líder de audiencia en su territorio por delante de las cadenas nacionales privadas, líderes en el resto de España.

Al debate sobre la financiación de RTVE y la ausencia de publicidad, además de las cadenas privadas, se han sumado los propios anunciantes. Contrarios a las tesis que defienden las televisiones integradas en UTECA, los anunciantes consideran perjudicial que no se emitan anuncios en TVE.

Pero el foco ha de ponerse en las posibilidades y el escenario que abriría el hecho de que los ciudadanos que libremente lo deseen, aporten de forma directa de sus bolsillos una cantidad anual para recibir información, cultura, contenidos de calidad, entretenimiento cualificado o acontecimientos deportivos alternativos a los más mediáticos.

Terminamos esta reflexión como la empezamos, con interrogantes, porque el contexto de asfixia económica que azota muchos hogares en la actualidad puede ser poco propicio para que esta fórmula prospere, pero incluso en épocas de bonanza: ¿la ciudadanía española vería con buenos ojos esta posibilidad? ¿aumentaría la exigencia ciudadana ante los contenidos emitidos por las cadenas públicas? ¿favorecería la creación de una conciencia colectiva sobre la importancia de la función pública de los medios? O por el contrario, ¿la audiencia daría la espalda a esta fórmula que terminaría de hundir el sistema público de radiodifusión?