El caso de Ana Orantes, un antes y un después en el tratamiento de la violencia de género

Posted on 15 enero, 2013

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Muchos expertos que trabajan a diario para combatir la violencia de género coinciden en marcar el momento del despertar de la opinión pública a la dimensión de este fenómeno atroz por el que pasan muchas mujeres (y sus hijos) en el asesinato de Ana Orantes, en diciembre de 1997.

En este antes y después, el papel de los medios de comunicación ha sido determinante: Ana Orantes acudió a un programa de Canal Sur Televisión, y allí relató el infierno que vivía. A los pocos días, su ex marido acabó con su vida, y la repercusión de este crimen machista fue enorme debido a la crudeza de su testimonio televisivo en el que seguramente muchas mujeres se vieron identificadas, y tantas otras personas reconocieron esta situación como algo común, no como un suceso aislado.

La contribución de los medios de comunicación en la sensibilización y concienciación sobre la violencia de género ha sido inmensa e imprescindible. Y lo sigue siendo. El sistema judicial no tenía entonces en cuenta las características específicas de este tipo de agresiones y asesinatos. Tuvieron que pasar varios años hasta alcanzar los cambios legislativos que nos situaron en 2004 en vanguardia en la lucha y prevención de la violencia de género: la Ley Integral 1/2004, que a su vez reformó otras leyes, como las de educación y publicidad, ha inspirado el avance legislativo registrado en Europa. España es el espejo en el que se miran muchos países. La perspectiva de discriminación de género también tiene su reflejo en la Ley 7/2010 General de Comunicación Audiovisual.

Nos encontramos con que los medios de comunicación informan de cada caso de muerte por violencia de género y, por fortuna, lejos ha quedado la etiqueta “crimen pasional” que no hace tanto se colgaba a estos sucesos. Los medios además emiten campañas de sensibilización y de apoyo a las víctimas con los recursos públicos que se ponen a su alcance.

Sin embargo, la inercia periodística está favoreciendo también desde hace tiempo un distanciamiento de las causas estructurales que están detrás de estos crímenes, cuando no un reforzamiento de las mismas por parte de los profesionales de la información y de los medios de comunicación. Conocemos al momento el número de víctimas: 46 mujeres asesinadas durante el pasado año, 61 en 2011, y así sucesivamente.

Facilitar un cómputo más que añadir al saldo final, está dando forma a un tipo de noticia que parece elaborarse en serie: una nueva muerte por violencia de género, en la localidad x, víctima de x años, agresor detenido, hace la víctima número x en lo que va de año. No debemos reducir la concienciación y la sensibilización ante la violencia de género a un simple conteo en los informativos que, según advierten algunos expertos, puede llegar a insensibilizar a la sociedad.

Porque al mismo tiempo que las noticias se limitan a contar cada nueva muerte, proliferan otro tipo de contenidos televisivos, dedicados al entretenimiento, donde se transmite una imagen de la mujer absolutamente estereotipada. Espacios de telerrealidad, algunos dirigidos específicamente al público adolescente, en los que las mujeres compiten por el favor de un hombre al que han de agradar, complacer, obedecer. El modelo que vende esa realidad prefabricada es el de una mujer absolutamente cosificada, reducida a objeto sexual.

Así se puso de manifiesto en la última decisión del Consejo Audiovisual de Andalucía con motivo del informe sobre el tratamiento mediático de la violencia de género en los informativos de las televisiones públicas andaluzas. Se comprueba que los informadores siguen dando demasiado protagonismo a los vecinos y allegados mientras que los expertos, que pueden realmente contextualizar y dimensionar correctamente estos hechos, casi no aparecen. Es decir, se está haciendo todo lo contrario a lo que aconsejan los códigos deontológicos que existen sobre la materia.

A finales del pasado año, el CAA impulsó la creación de una mesa de trabajo con los agentes implicados en este frente: fiscalía, asociaciones, medios de comunicación, abogacía, sindicatos… para mejorar nuestro seguimiento e identificar errores o disfunciones que puedan estar afectando al trabajo de los medios de comunicación a la hora de trasladar esta realidad a la ciudadanía.

En la conmemoración de este año del Día Internacional contra la Violencia de Género ha destacado un dato por encima del resto de informaciones que suelen abundar por estas fechas: el 30% las mujeres asesinadas en lo que va de año tenían entre 21 y 30 años. Además, desde 2007 hasta 2011, creció un 24% el número de menores acusados de delitos y faltas relacionadas con la violencia machista. Lejos de superar este tipo de comportamientos entre las nuevas generaciones, que es lo que cabría esperar tras el esfuerzo de administraciones, asociaciones, medios de comunicación y resto de agentes sociales, el maltrato machista entre los jóvenes crece.

Como en el asesinato de Ana Orantes, del que se han cumplido 15 años, los medios de comunicación –en particular la televisión- y la concienciación de la población, especialmente de los menores y los jóvenes mediante la promoción de modelos y conductas no sexistas, siguen teniendo hoy en día una relevancia capital. Sin su contribución no avanzaremos.